Redención

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Durante miles y miles de años nuestro mundo ha sido gobernado por un rey desalmado y cruel. Un dios tan poderoso y vengativo que ningún mortal o inmortal ha podido destronar a tal bestia despiadada. Nadie ha sido capaz de desobedecer o desafiar al rey, porque sabían que su destino estaría en las manos de él y lo que les depararía el futuro sería derramamiento de sangre y destrucción. Nadie, excepto una diosa hermosa y poderosa que gobernaba la tierra de los olvidados, criaturas desarmadas que fueron castigadas por el rey y desterradas de su reino por su impotencia e inutilidad. Ella vagaba por el mar oculto del olvido para tratar de liberar a esas almas desafortunadas que estaban destinadas a pudrirse en esa tierra. La diosa nació de las lágrimas y el sudor de los residentes de esa tierra condenada. Su corazón era tan puro que no podía ser corrompido por tentaciones terribles o codicias lujuriosas.

 La noticia de esta joven deidad que ayudaba a los desafortunados no tardó mucho en llegar a oídos del demonio tirano. Tan pronto escuchó el rumor, exigió que la llevaran a él. Cuando la vio por primera vez, se enloqueció con su fascinante belleza. Se había enamorado de ella con un solo encuentro. El vil rey le propuso quedarse con él por la eternidad a cambio de su vida, pero ella se negó. Todavía cegado por su belleza y elegancia, le ordenó por última vez que fuera suya. Sin embargo, la joven deidad era una dama orgullosa, despreciaba al Rey y deseaba liberar al mundo de su opresión. El Rey, al ver que no obedecía sus órdenes y deseaba rebelarse contra él, la maldijo para que pasara la eternidad como una figura de bronce. La despojó de su poder y la convirtió en una obra de arte para poder admirarla perpetuamente. La colocó encima de su “Fuente de la Victoria”, una fuente hecha para inflar su ego que representaba todas las guerras que había ganado y todos los hombres y mujeres a los que había derrotado, dentro de un jardín al que solo él tenía acceso.

 Día y noche, se sentaba a los pies de la estatua humana contemplando su esplendor, pero eso no era suficiente para saciar su sed, por lo que buscó por tierra y mar un reemplazo formidable que nunca lo desafiaría. Mil años más tarde conoció a una joven misteriosa, huérfana y sin nombre, que se parecía a la diosa de manera tremenda, su similitud era extraña. Esclavizó a la joven, obligándola a que fuera suya hasta que él quisiera deshacerse de ella. Más tarde la mujer salió embarazada con el descendiente del rey, ella, al darse cuenta de su embarazo, trató de huir, pero el rey la descubrió y la encarceló hasta que diera a luz a su progenie, consecuentemente terminando su vida y borrando su existencia de todo el que la conocía.

“Y nació un príncipe guapo y cartivo”

“CARITATIVO… y sí, el príncipe será la esperanza de la humanidad y el universo. La fuerza astral que derrotaría a todo mal… pero sólo si puede romper lo que se supone que está destinado a no romperse”

“¿Eh?… si está destinado a no rompirse ¿cómo tendrá éxito?

“ROMPERSE… y solo si su corazón permanece puro, tendrá éxito

“¿Y quién es este misterioso príncipe, mamá?”

“Lo sabrás cuando llegue su tiempo, Kaivan”

17 años después

El palacio cósmico estaba en tumulto, era el día en que el príncipe cumplía la mayoría de edad y como el rey había prometido a sus súbditos, finalmente revelaría la identidad de su hijo. Dado que el hijo era “semi-mortal”, y el engendro de una esclava humana, el plan inicial del rey era deshacerse de él, borrando su existencia. Pudo haberlo matado mientras aún estaba en el vientre de su madre, pero ganaba el placer en ver el miedo en los ojos del otro. Sin embargo, una mirada a los ojos esmeraldas del niño lo hizo titubear. Sentía un prodigioso sentido de protección hacia ese niño. Pudo haber sido un inmenso sentimiento de culpa o tal vez, se encaprichó con él, sea lo que fuere, accedió a mantenerlo al cuidado de una sirvienta. A medida que el niño crecía, también crecía la obsesión del rey, quería presumir de su espléndida creación a los Millones de Imperios que gobernaban el universo. Necesitaba que todos supieran que su sangre de oro fluía por las venas del príncipe del reino, por lo que se le ocurrió el plan de revelar el nombre del príncipe en su cumpleaños numero 21. El rey no era un hombre de oráculos o banalidades psíquicas, así que impulsivamente tomó decisiones basadas en su disposición o interés. Nunca predijo que tal juicio vacilaría en su poder y autoridad.

Arcana caminó por los pasillos con una bandeja de té en la mano, con el ceño fruncido y rostro alargado, suspiró y se detuvo frente a una de las puertas gigantes de ébano del palacio. Agarró el pomo de diamante de la puerta y la abrió lentamente, exponiendo el interior de la habitación real. Adentro había un joven radiante, su espalda estaba desnuda, y su pelo ondulado castaño bailaba sobre sus hombros mientras luchaba por ponerse un conjunto elegante, entre tanto, dos doncellas trataban de ayudarlo. Se dio la vuelta sorprendido por el sonido de la puerta, tan pronto vio a Arcana, su amplia sonrisa llenó todo el lugar y sus ojos brillaron como las estrellas. Corrió hacia ella y la abrazó con un tierno dolor.

“Madre! Te he extrañado, ¿cómo es que me he convertido en un príncipe?”, preguntó desesperadamente el príncipe

“No te preocupes hijo mío, es verdad que ese es quien realmente eres y lo que debías llegar a ser, pero recuerda mi niño, siempre seré tu madre”

“Así que el príncipe de los cuentos no era otro que yo?”

“Sí, pero no debes desanimarte, porque el futuro de nuestro éter te pertenece”

“¿Cómo puede ser así, cuando te recuerdo diciendo que el rey de los cuentos es un hombre tan malvado? ¿Cómo podría alguien tan débil como yo, gobernar los Millones de Imperios?”

“Kaivan, hijo mío, está todo escrito, y la respuesta a esa pregunta está en la damisela dormida, aislada dentro del jardín prohibido. Encuentra la llave a su libertad y encontrarás tu respuesta”.

“Damisela? Seguramente no te refieres a…” Kaivan fue interrumpido por un sonido molesto proveniente de la plaza.

La gente estaba celebrando con fervor, mientras esperaban con anticipo el nombramiento del príncipe. Kaivan estaba nervioso, un poco emocionado, pero mayormente afligido. “¿Cómo podría ser esto cierto?”, Pensó, “Yo que no era nadie, ahora está destinado a participar en una exhibición tan grotesca”. Cosas como príncipes ocultos, diosas de bronce y jardines prohibidos eran cosas que él creía ser solo cuentos. Cosas que deseaba que no fueran verdad. Desconcertado, por el ruido y la insensatez, salió corriendo de la habitación. Corrió y corrió hasta que se desorientó y terminó en la entrada del laberinto de oro en las afueras del palacio. Un laberinto que tragaba a sus víctimas y nunca las devolvía. Sólo los de sangre real podían vagar y encontrar la salida. Aturdido y sin aliento, miró directamente a través del laberinto, centrándose en una luz ardiente que brillaba dentro del laberinto. Como si lo desquiciase, lo siguió fervientemente hacia un callejón sin salida. El muro obstruido comenzó a expandirse, a medida que las hojas de oro que rodeaban el laberinto se extendían creando una puerta al jardín prohibido.

Desde el jardín, una voz celestial atrajo a Kaivan hacia la Fuente de la Victoria. Con un dulce susurro melódico, la voz de la mujer acarició sus oídos: “Sobre los quebrantados y descuidados, se erigió una lanza de soberanía, una perforación en carne tierna, y una gota del linaje dorado revocará el hechizo para que la justicia prevalezca” Kaivan inmediatamente despertó de su trance y se frotó los ojos para ajustar su visión. Kaivan se encontró frente a la fuente y quedó fascinado por la majestuosa belleza de la diosa petrificada. En ese momento sabía que la voz que le hablaba pertenecía a esa mujer, no entendía muy bien lo que significaban sus palabras, pero estaba seguro de que su existencia era mucho más valiosa de lo que jamás había imaginado. Kaivan, acarició la figura de bronce y se preguntó si realmente era digno de tal misión.

Sobre los quebrantados y descuidados“, repitió a sí mismo, ¿podrá referirse a la gente de El Baldío, los semi-mortales que ella tanto deseaba proteger? Salió corriendo del jardín y se preparó para su viaje. Arcana lo esperó junto a la puerta con una sonrisa entristecida.

“¡Madre!” Kaivan llamó sorprendido

“Es hora, hijo mío, cuídate” se abrazaron con una expresión solemne, luego Kaivan se marchó.

Todos los hombres y mujeres estaban reunidos esperando a que el príncipe hiciera su aparición. Como nadie conocía su rostro, Kaivan aprovechó la oportunidad para mezclarse entre la multitud. Caminó sutilmente hacia la puerta para embarcarse a su búsqueda predestinada.

La misión

 Kaivan abandonó todo para inquirir la “lanza” que la diosa había mencionado. Viajaría por el mar del olvido para adquirir el poderoso tesoro. Le ofreció 80 monedas de oro a un hombre en posesión de un barco rancio para que lo llevara a la tierra maldita.

“Oye, ¿qué trae un muchacho tan puesto como vos a estas aguas turbias?”, Preguntó el capitán del barco.

“El destino” fue la respuesta del joven

“Entonces ha de ser un destino desafortunado el que te espera”

Kaivan ignoró las palabras del hombre y se puso de pie con ambos ojos fijos en el agua. Era la primera vez que había visto un paisaje tan desconcertante, nunca se había sentido más libre que en ese momento. El Baldío, como todos lo llamaban, era una tierra situada entre el reino mortal y el reino inmortal. La única manera de llegar allí era a través del mar del olvido, un mar tan oscuro y profundo, que ningún hombre se había atrevido a cruzar. Se decía que los que pasaran por allí serían absorbidos por la marina, perderían todos sus sentidos y nunca podrían regresar. Sólo los inmortales del “Alto Éter” eran capaces de soportar tal poder e ir y venir como quisieran. Antes de llegar al borde, el capitán ancló el barco en una isla cercana.

“Bueno muchacho, hasta aquí mi travesía, os deseo buena suerte”

“Buena fortuna a usted también capitán”

Kaivan se montó en un bote de remos y remó hasta que la nave del capitán desapareció y todo el lugar se oscureció. Después de algún tiempo, sintió que el mar se abría y el viento se hacía más fuerte. Un enorme remolino se formó en el agua debajo de él y con una fuerza amenazante absorbió el barco. Kaivan sintió nauseas y se quedó sin aliento. Antes de perder el conocimiento, sintió un abrazo y una caricia consoladora familiar, una sensación que había sentido anteriormente cuando su madre lo mecía en la cama todas las noches. Abrió los ojos tan grandes como el mar y se encontró en tierra. Estaba acostado en una arena negra cubierta de algas, a su alrededor había tres mujeres demacradas que lo ayudaron a levantarse.

“Oh, dios, parece que este joven perdió su camino. Oiga joven, ¿estás bien?”, Dijo una de las ancianas con un acento grueso.

“¿Te has perdido; esto no es lugar para un chico como vos?”, Dijo la segunda.

“Pobre muchacho varado en un lugar como este”, dijo la última.

Sacudiendo la arena y su conmoción cerebral, Kaivan, miraba a su alrededor como si estuviera buscando algo importante. “Disculpen mujeres amables, pero ¿es este el lugar que llaman El Baldío?”

Las mujeres se sorprendieron con sus palabras y su forma de hablar. Pensaron, cómo un joven tan apuesto podría dirigirse a unas longevas tan desharrapadas como “mujeres amables”. Fue la primera vez, desde la desaparición de la diosa, que alguien habló con los habitantes de la tierra de una manera tan gentil. Además, parecía haber venido voluntariamente, lo que dejó a las mujeres bastante desconcertadas.

“Sí muchacho, este es el lugar”, dijo la primera

“Pero ¿estáis perdido o vinisteis por voluntad propia?”, Preguntó la segunda

“¿Sois el prometido?”, Preguntó la última mientras las otras dos jadearon de incredulidad

“¿sois realmente el prometido?”, Preguntó la segunda

“¿El que tiene gran poder?”, Preguntó la primera

Las mujeres murmuraron entre ellas durante bastante tiempo. Kaivan se preguntaba de qué estaban hablando, ¿a caso hubo una profecía que hablara de su llegada?

“Perdonen mi interrupción, pero tal vez vosotras puedan ayudarme con algo”, dijo Kaivan con un tono ansioso pero tierno. “¿Alguna sabe dónde puedo encontrar la ‘lanza de la soberanía’?”

“Sí, muchacho, en efecto sois el prometido. La alta sacerdotisa Sanda anunció su llegada hace mucho tiempo. Ella dijo que un hombre con sangre dorada y carmesí vendría.” Dijo la primera

“¿Sanda? ¿Es ella la diosa?”, Cuestionó Kaivan

“Sí, la alta sacerdotisa, protectora de los desafortunados. Muchacho la espada que buscáis se esconde debajo del Templo de Caelan, donde los condenados son puestos a descansar.” Continuó la segunda

“Sólo los puros y poderosos pueden entrar en el templo, si son dignos, el templo aparecerá” Completó la última

“Y como llego al templo?”

“Una vez que hayas llegado a la cascada debéis decir tu nombre en voz alta, y el templo aparecerá”, dijeron las tres

Kaivan se dirigió hacia la cascada y tan pronto llegó, sintió una brisa cálida y una sensación reconfortante. Era una vista fascinante una grandeza que sólo los dioses eran capaces de crear, naturaleza más allá de sus límites. Un inmenso contraste del entorno podrido del resto de la tierra. Respiró profundamente e inhaló un aire ligero que llenó sus pulmones de armonía. Se paró frente a la cascada y dijo su nombre en voz alta, el suelo comenzó a temblar, y el agua comenzó a dividirse. Sorprendido, Kaivan se alejó de la cascada y tropezó, cayendo en el agua. Las puertas líquidas se extendieron hacia los lados revelando una torre enorme. Estaba cubierto con paredes doradas, ventanas de cristal y suelos de mármol. El Templo de Caelan, el lugar donde los habitantes de esta tierra son limpiados de su “desgracia” durante sus últimos días de existencia y enterrados después de su muerte.

Cuando Kaivan entró, el suelo comenzó a expandirse destapando unas escaleras doradas que conducían a una cámara subterránea: “la espada que buscais se esconde bajo el Templo de Caelan, donde los condenados son puestos a descansar“. Esto era probablemente a lo que la anciana se refería, pensó. Bajó las escaleras y mientras descendía notó un brillo que casi lo cegó. Era la lanza, colocada en el centro de la sala. Kaivan caminó hacia ella y la agarró, simultáneamente, oyó la voz de Sanda de nuevo: “Derrama la sangre del solemne y el despreciable, sólo entonces se puede liberar al mundo”. Como si estuviera hipnotizado, sus ojos fueron atraídos a la espada y con la mente en blanco se perforó el brazo y se cortó la piel. Su sangre goteaba por el filo y los símbolos en la empuñadura comenzaron a brillar, Kaivan se apresuró a despertar de su aturdimiento mientras los símbolos revelaban un mensaje.

“El fin de la tiranía es ahora, tu sangre gobernará a través de tu eterna inmortalidad, fruto de ambos, el poderoso dios de la destrucción y la defensora de la humanidad”

 “¿Fruto de la defensora de la humanidad?” ¿Yo? Mientras Kaivan cuestionaba el significado de esas palabras, oyó los gritos de pánico de la gente desde la distancia. Salió corriendo para averiguar lo que estaba sucediendo, sólo para encontrarse con la nave real de su padre junto a sus hombres. La bestia se enfureció por la desobediencia y la rebeldía de su hijo, juró destruir a todos y cada uno de los seres vivos que rodeaban El Baldío. Kaivan sacó la espada, el rey carcajeó al ver su manifestación miserable. Por sí solo, el cuerpo de Kaivan reaccionó al comando de la espada, lo apuñaló en el suelo creando una ola colosal que limpió a todos los hombres del rey. A la vista de esa catástrofe, el rey liberó su ira y se abalanzó sobre el príncipe. Su enorme mano abrazó el frágil cuello de Kaivan, apretando su agarre con toda su fuerza.

“Debí haberte matado hijo mío. Tenéis sus ojos, su comportamiento desafiante y su mirada estimulante. No debí dejaros vivir”, susurró el rey loco al oído del joven.

“Tienes razón, debiste matarme cuando tuviste la oportunidad”, respondió el joven mientras apuñalaba al rey con la lanza.

El rey tembló con agonía mientras su cuerpo se convertía en piedra, agrietándose como arena endurecida. El cuerpo del rey se desintegró junto con la penumbra de la tierra y el remolino gigante de agua. La tierra recuperó su vitalidad y color, al igual que sus habitantes. Toda la gente de El Baldío le agradeció al príncipe y se inclinaron ante él mientras caminaba hacia el barco para hacer su salida y regresar al “Alto Éter”.

Tras su regreso, Kaivan se convirtió en el rey legítimo, los alcahuetes y la fuente que el viejo rey había creado, desapareció junto con él, y nunca más se supo del viejo tirano. Arcana también había desaparecido, su ser había sido borrado como si nunca hubiera existido en primer lugar, como cuando la madre biológica de Kaivan pereció. Sólo Kaivan recordaba a su querida madre, la buscó por días, pero todos sus intentos terminaron en fracaso. Después de su desaparición, Kaivan se encerraba todas las tardes dentro del jardín ahora vacío, preguntándose por qué sucedió todo. Después de llorar y lamentar la muerte de su madre oyó la voz de Arcana en el jardín. Miró a su alrededor, ¿había vuelto finalmente?

“Madre!”, Gritó

“Kaivan hijo mío, has sido valiente, y has demostrado tu rectitud. Siempre te he cuidado, ahora te has convertido en el rey y defensor de los Millones de Imperios. Debo regresar ahora a mi lugar legítimo en el Templo de Caelan, pero recuerda que estoy para siempre a tu lado”.

“¿Madre?…¿Sanda?… Dudó por un tiempo, y con una voz afectuosa y un suspiro de alivio, respondió: “Gracias”

La gran diosa Sanda se dirigió al templo donde guiaría a las almas perdidas y salvaguardaría al rey inmortal, defensor de la humanidad.

Inspirado en la fuente “Raíces” (mostrada arriba) del Paseo de la Princesa en el Viejo San Juan.  Foto tomada por el fotógrafo Johnny Otero. Síguelo en Instagram: otero.johnny

Por Jess

 

 

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