Balas Perdidas (Parte II)

En la punta de la lengua

Corriendo las cortinas,

pretendes engañar al sol

que se asoma

y cabizbajo

pasa de largo,

creyendo que no hay nadie en casa.

Con la mente en blanco,

sincronizas tus pupilas al televisor

mientras navego bajo los surcos negros

que te adornan la cara.

Bebes a sorbo lento el café

que a punto de enfriarse,

araña con ternura tu garganta,

esperando aprobación.

Cansada,

reclinas la cabeza sobre el sofá

convertida en sedimento

a los pies de la nostalgia,

suplicas una bocanada de aire

que te arrastre de las esquinas del tiempo.

Te desmoronas

y nadie tropieza con tus pedazos.

Vives enlutada

y no se te ha muerto nadie

más que la pena caprichosa

que busca nido en tu pecho.

Hoy tampoco has tenido suerte,

por eso avientas la libreta

y vuelo entre páginas a medio escribir.

Triste,

te doy la espalda

y al igual que a ti,

Me asombra la incapacidad de la lengua

cuando no puede

para los vencidos

apalabrar consuelo.

 

(des)corazonados

Los poemas que me gustan

suelen comenzar siempre

con un buen verso,

ya sabes,

uno de esos que te atrapa en la primera línea

y va hilvanando la desembocadura

de una palabra atroz;

que con el peso de su contexto,

no tiene otra aspiración que la de estremecerte el corazón.

Uno de esos que golpea

y te corta la respiración;

uno de esos que es espejo y escondite a la vez;

uno de esos que te arrastra de la orilla a la vida de nuevo.

Para este,

No se me ocurrió ninguno bueno.

en medio de este tapón solo cuento con la voz de la memoria

que aprovechando la avería de la radio,

se asoma con el ánimo de poner todo en orden.

Tratando de escapar de la interminable hilera de autos que asalta mi horizonte,

miro tu foto,

la que se cayó de mi cartera cuando urdí el último peso

que aplacaría la sed de media tarde.

Te miro

y me ahoga la ternura que no te mereces,

la que inevitablemente inunda todo lo que me recuerda a ti.

Te quise

como el globo que se desinfla entre las manos de un niño ilusionado,

que llora la deformidad de lo que fuera perfectamente redondo,

o como las flores marchitas que con pena se arrojan a la basura.

No me malinterpretes,

no es que te quise deforme ni marchita,

te quise adelantándome al desencanto,

a la ruina,

al desorden cotidiano en el que tarde o temprano se nos amontona la vida;

pero tú no pudiste resistirlo,

apostabas a las frases hechas,

a la fórmula ganadora con la que se nos vende la idea del amor.

Ya el tránsito se agiliza,

acelero,

por mi ventanilla vuelas

hecha pedazos de luz.

Los rostros a mi alrededor sonríen

sabiendo que la distancia se acorta camino a casa

Por Aidalís Rivera Quiñones

Categories Poetry, Submissions

2 thoughts on “Balas Perdidas (Parte II)

  1. Me fascinan los escritos de aidalis. Me hacen transportarme a sus pensamientos y pensar lo bueno que se siente que otra persona comparta la misma línea de pensamientos.

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  2. Me encantaría seguir leyendo los escritos de Aidalis.

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